Catequesis Fiesta de la Tirana 2016

Carmelita del consuelo
Madre de Misericordia
muéstranos el rostro
dulce y tierno de Dios



 Muy queridos Hermanos y Hermanas de los Bailes Religiosos:

Como cada año, al cercarse la Fiesta de la Virgen del Carmen en La Tirana, les hago llegar unas catequesis que les permitan prepararse espiritualmente a tan gran celebración de la fe.

Les pido puedan dedicar un tiempo adecuado, sin prisa, dentro de las reuniones o ensayos, para que en los dos meses que nos separan de la Fiesta puedan estudiar y rezar estos tres temas.

No se trata solo de leerlos, sino poder profundizarlos en grupo y de manera personal. Piensa que sería bueno hacer llegar el texto de la catequesis a cada integrante del Baile para que así preparen y recen lo que luego podrán ver y estudiar en grupo.

Mi deseo es que en la Fiesta podamos vivir el espíritu de estas catequesis, es decir: una profunda vida comunitaria y fraternal, el gozo de sabernos amados por Dios, y llenarnos de la fuerza para servir.

Les agradezco todo el empeño que pongan por aprovechar esta preparación espiritual.

Les bendigo con cariño,



+Guillermo Vera Soto

Obispo de Iquique



                                              CATEQUESIS N. 1

Muy queridos hermanos y hermanas de los Bailes Religiosos:

En los barrios de nuestras ciudades ya se escucha la música de las  Bandas y les vemos a ustedes ensayar con gran alegría e ilusión para la Fiesta que ya se acerca. Les felicito por todo el empeño que colocan en prepararse de la mejor manera para la cita con la Madre de Jesús.
Quiero invitarles también a profundizar en una preparación espiritual, por eso les escribo estas notas que espero puedan leer y comentar de manera personal y comunitaria; creo que a todos nos puede hacer bien. Pido a los Caporales de los Bailes, a quienes son encargados de Pastoral dentro de ellos a que se dé el tiempo suficiente en tres Encuentros a leer y reflexionar estas tres catequesis que con mucho cariño y esperanza, como obispo he preparado para ustedes.
En primer lugar deseo insistir en algo que ya les he comentado. Quisiera que ustedes no solo fueran un grupo de Baile Religioso, sino que llegaran a constituirse en una Comunidad Cristiana que Baila. Esto lleva sin duda a un mayor compromiso con nuestra identidad cristiana y católica que a ustedes y a todos ha de caracterizar.
El Señor Jesús nos invita a vivir en Comunidad. El llamó a los apóstoles para que formaran una Comunidad en torno a Él, ahí les hablo del Reino de Dios y los envió a continuar su misión.
Quisiera que tú también puedas sentirte llamado por el Señor a participar de este Baile con el cual  le quieres alabar a Él y a su Bendita Madre.
Jesús nos dice: “no me eligieron ustedes a mi sino que yo les elegí a ustedes y quiero que vayan y den fruto”. Jesús y María aceptan complacido tu homenaje cuando bailas en el Santuario, pero sin duda ellos desean que toda tu vida pueda ser un canto de alabanza. Pienso que el hecho de poder crear en el Baile, vínculos profundos de fraternidad permanente y de compromiso de unos para con otros, es una gran forma de alabar al  Señor, más allá de la Fiesta.
El hecho de que el Baile se convierta en una Comunidad de hermanos, es tarea de todos.
Cada uno ha de procurar crear vínculos de afecto y respeto con sus compañeros. Se ha de procurar que ir al Baile  sus reuniones y actividades sea algo que cada uno espere y realice con alegría, que podamos vivir aquello del salmo: “que alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor”, sí, que haya alegría de encontrarse porque ahí te sientes querido, estimado, valorado, acompañado. Para eso será necesario hacer de cada  reunión un momento de encuentro entre ustedes. En cada reunión debería haber un momento para rezar con tranquilidad, para mirarnos a la cara y preguntarnos como estamos, que alegrías o penas llevamos con nosotros. La realidad que vivimos  en nuestro mundo es que no siempre hay un espacio para compartir la vida, consolarnos y a animarnos, ¿por qué no procurar que nuestras  Comunidades de Baile tangan algo de eso y no solo quedarnos en formalidades de ensayos, cuotas, castigos, etc? De las primeras  Comunidades Cristianas se nos dice que: “eran asiduos en la oración, acudían a las enseñanzas de los apóstoles, compartían el pan”, pues bien , eso es lo que hemos de procurar repetir entre nosotros: rezar más y mejor como grupo, buscar quien les enseñe a través de catequesis, cursos, retiros, etc. y estar muy atentos a las necesidades o penurias que alguno del grupo pueda está pasando para ayudarle, e incluso más allá cuando alguien del barrio o las circunstancias que nos toca vivir, exijan mirar un poco más allá de nuestro entorno.
Alguno dirá. “eso ya lo  hacemos”, ¡qué bueno!, pero te pregunto ¿lo hacemos, lo hacemos bien bien?, porque podríamos ciertamente  hacerlo mejor.
El Papa Francisco que nos ha invitado a vivir el Año santo de la Misericordia, nos recuerda que hemos de vivir en la actitud del samaritano, es decir preocupados de detenernos para ver cómo podemos ayudar , con los medios que están a nuestro alcance a quienes están como tirados a la orilla del camino, y a estos no hemos de buscarlos lejos, muchas veces están a nuestro lado. Vivamos la misericordia entre nosotros que formamos esta Comunidad de Baile Religioso.
El Papa nos dice:
“Dentro del Pueblo de Dios y en las comunidades, ¡cuántas guerras!... ¡cuántas guerras por envidias y celos.

A los cristianos de todo el mundo, quiero pedirles especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y también resplandeciente. Que todos puedan admirar como se cuidan unos a otros, cómo se dan aliento y como se acompañan… es lo que con tantos deseos pedía Jesús al Padre: “Que sean uno, para que el mundo crea”…el testimonio de comunidades fraternas y reconciliadas es algo que siempre atrae. Por ello me duele tanto comprobar como en algunas comunidades cristianas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosas, ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?
Continúa el Papa: “A cada uno de nosotros se dirige la exhortación de San Pablo: “No te dejes vencer por el mal, antes vence el mal con el bien”
Todos tenemos simpatías o antipatías, y quizá ahora mismo estamos enojados con alguno. Al menos digamos al Señor: “Señor, yo estoy enojado con éste, con aquella. Yo te pido por él y por ella”, rezar por aquel con que estamos irritados es un hermoso paso en el amor. ¡Hagámoslo hoy!, no nos dejemos robar el ideal del amor fraterno”.
¿No te parece que lo que nos dice el Papa, es actual en nuestra familias, en nuestros ambientes de trabajo o estudio, en nuestro Baile quizá?. Aquí estamos preparándonos para subir hasta el santuario, donde la Madre nos espera reconciliados. Por eso cada uno piense: ¿de quién estoy distante, con quién estoy sentido, en qué debo cambiar para ayudar a la comunión entre nosotros, con quién estoy herido? Y tratemos de dar el paso de: rezar por esa persona, pedir al Señor me ayude a cambiar, dar el paso de hablarle.
Creo que un primer paso en nuestra preparación espiritual hacia la Peregrinación, es este de sanar o vendar las heridas que hay entre nosotros, el curar las heridas nos hará caminar y bailar con más ilusión. Somos hermanos que junto a la música, el baile, el esfuerzo y el cansancio, ofrecemos a Jesús y a María el incienso más perfumado y agradable a ellos, el de la unidad y la fraternidad.
Les invito a que un momento de silencio, pienses en tus hermanos de la Comunidad de Baile, agradece por quienes son tus amigos más cercanos, reza por aquellos de quienes estás más distante, mira a las personas que quieres y no olvides a aquellas que debieras querer más, reza, reza por ellas y compromete ante el Señor a trabajar una Comunidad más fraterna.
Luego de unos minutos de oración personal en silencio, hacer unos pequeños grupos de trabajo donde en unos minutos conversar  sobre que podemos hacer para que en nuestro Baile nos sintamos todos más acogidos, queridos, más hermanos.
Luego hacer un plenario donde recoger todas las iniciativas para más adelante seguir trabajándolas.

Terminar con el padre Nuestro y el Ave María.
Les bendigo con cariño,

+Guillermo Vera Soto
   Obispo de Iquique




               CATEQUESIS   2

Muy queridos hermanos y hermanas: deseo invitarles a que demos un paso más en nuestra preparación a la Peregrinación al Santuario en La Tirana.
Al igual que el Encuentro anterior, les pido puedan darse un tiempo para compartir y rezar esta catequesis.
El Santo Padre  Francisco nos ha invitado a vivir un Año santo de la Misericordia. En primer lugar se nos invita a aceptar la misericordia de Dios en nuestra vida.
La Virgen a quien tanto queremos, proclamó que “la misericordia de Dios llega a sus fieles de generación en generación y que Él se acuerda siempre de su misericordia”, pues bien esta verdad es la que hemos de asumir y vivir en nuestras vidas.
El Dios en el cual creemos, el rostro de Dios que vemos en Jesucristo, es la de un Dios que sale a nuestro encuentro para levantarnos de nuestras caídas y lavarnos de la suciedad del pecado , pero te pregunto ¿estas  verdades las vivimos, las creemos sinceramente?.
Te comparto un texto de la Sagrada Escritura en el Profeta Oseas, te invito a que lo escuches pensando que aquello que Dios dice al pueblo de Israel te lo dice a ti, escúchalo, léelo con atención.
“Así habla el Señor: “Cuando Israel era niño, Yo lo amé…
¡Yo había enseñado a caminar a Efraim, lo tomaba en brazos!
Pero ellos no reconocieron que Yo los cuidaba. Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas…”
Sin duda que la ternura con la cual Dios nos habla es grande, ¿tú crees que Dios te ama así?, si lo creemos de verdad nuestra vida estará más llena de alegría y esperanza.
El amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones es algo que debemos saber valorar y hemos de pedir poder experimentarlo.
Es verdad que  con la  cabeza creemos que Dios nos ama siempre, pero en el corazón ¿no nos pasa a veces que de ello no estamos tan seguros o que hay ocasiones en que estamos enojados o dolidos con Dios?. No te preocupes si esto lo has sentido alguna vez, lo importante es que llevados de la mano de la Virgen podamos de verdad aceptar el amor de Dios en nosotros y dejarnos transformar por él.
Quiero decirte que es importante que puedas aceptar en tu vida esta verdad:
Dios te ama, te ama siempre. El amor que Dios siente por ti es incondicional, gratuito y eterno, el amor que Dios siente por ti no es porque eres bueno es porque eres su hijo. Los que son papás o mamás esto lo entienden muy bien, ustedes aman porque sí y gracias por ello. Pues bien si esto lo sienten los padres en lo profundo de sus corazones, ¡cuánto más será este afecto en El corazón de Dios!.
Te invito entonces a que guardes en tu corazón estas verdades y que ellas te animen en el camino de la vida. ¡Lo que cantamos  y rezamos es verdad!: Porque creemos en el amor misericordioso de Dios, es que no tendremos miedo aunque nos toque andar por caminos oscuros (problemas, dolores, dificultades), sabemos que Él camina con nosotros.
Porque creemos en el amor de Dios es que no dudamos de su perdón, siempre, de que nos busca y nos espera para hacer una fiesta cuando volvamos.
Pues bien, ahora en esta Peregrinación, cuando vamos a encontrarnos con la Virgen que nos dio al Salvador pidámosle a Ella que siempre nos está entregando a Jesús, que nos ayude a acogerlo con fe en nuestras vidas y corazones. Sí, el amor de Dios ha sido derramado, la salvación se nos ha regalado pero hemos de acogerla de manera personal y con una fe viva.

Que sea  esta una Fiesta para hacer un gran acto de fe, donde tú puedas decirle al Señor de manera personal. “Señor creo en ti, en tu amor en tu misericordia, quiero dejarme levantar por ti y que me laves de todos mis pecados para sí tener que ver contigo.”
Acuérdate que en la Ultima Cena cuando el Señor lavó los pies a los suyos, Pedro le dijo que no, pero Jesús le contestó si no se dejaba lavar, no tenía nada que ver con Él. Sí, hemos de aceptar los gestos misericordiosos de Jesús, hemos de aceptar su muerte salvadora, su resurrección gloriosa en cada uno de nosotros. Tú me preguntarás ¿cómo hacer esto?, pues bien , de una manera muy sencilla: Acércate a Jesús con fe, en silencio y respeto, esto lo puedes hacer en tu casa a solas y tranquilo, o en el silencio de un templo o del Santuario, pero tú solo y tranquilo y ahí comienza un diálogo con Jesús: dale gracias, dile que crees en él y en su amor, dile que quieres amarlo y seguirlo a pesar de que te cuesta, pero que ahí estás en su presencia queriendo recomenzar, dile que te haga sentir su amor y entender todo lo que Él ha hecho por ti. Si habla, reza, llora, haz silencio, mira, contempla y espera que el Señor te haga sentir su amor.
Jesús te quiere levantar, como hemos leído en su Palabra.
 Un niño cuando quiere que su papá lo levante se acerca a él, lo tira de su ropa, sabe que él puede alzarlo y de alguna manera el niño se lo pide. Pues bien Jesús puede y quiere levantarte de  donde estás caído, siente que eres un niño delante del Señor, acércate a aquellos medios que El mismo nos dejó y en los cuales nos levanta y acaricia, ellos son  los sacramentos y entre ellos para ti que ya eres cristiano por el bautismo, el Señor quiere levantarte con el sacramento de la Penitencia y de la Eucaristía.
Tú que dices creer en la misericordia del Señor, acércate sin temor a Él en la persona de su ministro, el sacerdote y confiesa tus pecados. Anda y conversa aquello que llevas en tu alma, no tengas temo de mostrar tus oscuridades o heridas del alma; eso que hacemos con el médico con las afecciones del cuerpo hemos de hacerlo con Jesús por medio del sacerdote con las enfermedades del alma.
Te invito a que en este año de la misericordia hagas una buena confesión, hazla con tiempo, ahora en la ciudad o en cuanto llegues al Santuario, ahí estaremos los Curas para acogerte.
Hazlo bien, pide ayuda si es necesario, pero te recuerdo que cuando vas al médico, eres tú el que habla de tus dolencias,  le cuentas de lo que a ti te pasa no lo dices que te pregunte ni le hablas de lo que duele a tu mamá, así también en la confesión habla de tus cosas y saca  la luz tus heridas para llegue hasta ella la luz del Señor que todo sana y consuela.
Cree en el amor de Dios por ti, acércate al trono de la bondad y de la misericordia en la confesión, experimenta este año con más fuerza que nunca que Dios está cerca y que te ama mucho.  No olvides que el mejor homenaje que tú puedes hacer a la Virgen es que aceptes en tu vida, acojas en tu corazón a Aquel que ella llevó en su seno y entregó en la cruz para que la salvación fuera una gran realidad para todos.
En esta Año Santo todos podremos ganar la Indulgencia Plenaria, es decir que si nos confesamos bien, acudimos a un Santuario como lo haremos todos, rezamos por las intenciones del Papa, nuestra vida espiritual quedará como que quedó luego del bautismo que recibimos, es decir nuestra alma quedará con una blancura y luminosidad que nos enceguecería si pudiéramos verla, podemos estar en perfecta amistad con Dios, llenos de su Gracia.
Mira qué maravilla más grande lo que la Iglesia nos ofrece, y para eso se te pide nada más que creas en el amor de Dios y te acerques a su misericordia en la confesión y de ahí en adelante a recomenzar una vida nueva, mira que gran regalo consuelo y esperanza para cada una de nuestras existencias.

Te animo entonces a que a partir de ahora y con mucha fuerza en la Fiesta te acerques al amor misericordioso de Dios, no te aleje ni escondas del amor del Señor, no busques distraerte en otras cosas que no sea gozarte en saberte valioso a los ojos de Dios, porque eres valioso Él se acercó a nuestra vidas y en la cruz pagó la deuda que nosotros teníamos con Dios.
La Virgen Santa, más que nadie experimentó en su vida la misericordia de Dios y eso la llenó de gozo y hace que en el cielo siga preocupada que nosotros no desperdiciemos lo que tanto le ha costado a su Hijo Jesús, Ella quiere que con fe aceptemos el amor de Dios en nuestras vidas lo que nos ha de llevar  a tener siempre fortaleza y esperanza porque si Dios me ama y está conmigo ¿quién podrá vencerme a quién podré tener miedo?.
Te invito a que esta catequesis la puedas leer, releer, rezar y compartir y conversar con otros amigos del Baile y que el aceptar a Dios y su misericordia nos llene de más esperanza.

Te bendice con cariño, tu obispo

+Guillermo




            CATEQUESIS   3

Muy queridos hermanos y hermanas: con esta catequesis quiero invitarles a un último paso de meditación, formación y preparación a nuestra esperada Peregrinación a la Casa de la Madre. El peregrino, no solo camina, sino que también descansa, contempla, se prepara para las nuevas jornadas; esto han querido ser estas catequesis o meditaciones que les he compartido y que espero ustedes hayan aprovechado, que cada una de estas meditaciones les haya dado fuerza para continuar el camino hasta la Casa del Señor.
En un primer momento vimos la importancia de crecer en un espíritu de comunidad entre nosotros, luego un admirarnos en el amor misericordioso que el Señor nos tiene, y ahora deseo invitarles a que meditemos en que aquellos que vivimos nuestra fraternidad, los que nos sabemos amados por Dios, hemos de ser hombres y mujeres que podamos llevar hasta otros lo que nosotros hemos conocido y tratamos de vivir, es decir los que hemos recibido misericordia hemos de ser misericordiosos y no de cualquier manera sino misericordiosos como el Padre Dios, así nos lo pide el Papa Francisco.
Para ser misericordiosos como el Padre no tenemos que hacer otra cosa que mirar a Jesucristo. “El que me ve a mí ve al Padre” nos ha dicho El. Por lo tanto les invito a que por un momento coloquemos ante nuestros ojos a Jesús, que como María en Nazaret lo podamos mirar con cariño y atención y así aprender a ser como Él es, lo cual no es otra cosa que hacer vida lo que cantamos: “amar como tu amas, sentir como tu sientes, mirar a través de tus ojos” en definitiva ser otros Jesús.
El creyente como tú y yo, no solo ha de contentarse con admirar a Jesús y pedirle según las necesidades que tengamos. Hemos de dar un paso más allá y grande, tratar de hacer lo que El hizo y aunque nos parezca imposible, más. Dijo Jesús “El que me ama, hará las cosas que yo hice y las hará más grandes todavía”, sintámonos entonces invitados, empujados a ser misericordiosos como Jesús, como el Padre.
En el evangelio leemos sobre los gestos y actitudes de Jesús ante las necesidades de la gente. Tomaba a los niños en sus brazo y los bendecía, se conmovía ante el llanto de una madre por la pérdida de su hijo, dio de comer a muchedumbres, tocaba con amor al leproso, miró con atención al joven, conversó con la mujer adúltera, y tantos otros pasajes que tu recordarás, en todo estos gestos la gente se sintió querida, no abandonada, apreciada, dignificada,  fueron sintiendo lo que Jesús les enseñaría que eran: hijos e hijas de Dios. A través de todos estos gestos, el Señor quiso hacer palpable el amor misericordioso de Dios, A estos gestos, Jesús unió las palabras, es decir las enseñanzas acerca del amor de Dios. Todos conocemos las parábolas del Hijo Pródigo, de la Oveja Perdida, del Buen samaritano, que sería bueno poder volver a leerlas.
Ahora bien lo que Jesús nos ha enseñado de Dios, nos dice también que de alguna manera vayamos también nosotros y hagamos lo mismo, es decir que con nuestras vidas y palabras hagamos presente, sensible, el amor misericordioso de Dios.
Los cristianos estamos llamados a vivir la caridad, la misericordia, no solo por ser buenas personas, sino porque sabiéndonos amados por Dios procuramos parecernos a Él y hacemos sentir a los demás la dignidad que tienen, hijos de Dios por los cuales el Padre se preocupa.
Jesús nos habla y nos muestra a un Dios cuyas entrañas se conmueven ante el dolor y las necesidades de la gente, hemos de preguntarnos nosotros si nos conmovemos ante las necesidades y dolores de los demás. Sin duda todos tratamos de hacer el bien pero debiéramos preguntarnos si lo hacemos bien. Quizá podemos ayudar pero enojados, tendemos la mano pero reclamando, damos de lo que nos sobra, damos cosas que no nos sirven o nosotros no las usaríamos, o quizá simplemente no nos damos tiempo para ayudar, visitar, ¡tenemos tantas cosas que hacer!, Sí, la mayoría de las veces podemos dar pero no siempre nos damos. El papa  Francisco nos ha preguntado, ¿miramos a aquella persona a la cual le damos una moneda, o solo casi la tiramos en la mano sin detenernos a ver como es ese hermano al cual estoy “ayudando”?, hemos de vernos y preguntarnos como ayudamos cuando lo hacemos.
Por eso este año santo de la misericordia, quiere ser un tiempo para motivarnos a ayudar más y mejor, a darnos cuenta que todo lo que somos y tenemos lo hemos recibido por pura misericordia por un Dios que nos mira con cariño y que estamos invitados, a hacer en la medida que podamos, lo mismo.
Todos podemos dar o darnos. Nadie es tan pobre que no pueda dar una sonrisa nos ha dicho el Padre Hurtado y sin embargo podremos dar  testimonio cómo nos cuesta a veces dar esa sonrisa.
Hay muchas maneras de ayudar, es cosa de mirar alrededor y dejar hablar al corazón, es cosa de escuchar y mirar a Jesús y veremos cuántas cosas podemos hacer.
La  iglesia nos enseña las obras de misericordia que podemos hacer y que en este año santo se han puesto más de manifiesto.
Te las recuerdo, así las expresamos aunque cada formulación nos puede llevar a variadas acciones.
Obras corporales de misericordia
Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, redimir al cautivo, visitar a los enfermos, enterrar a los muertos.
Obras de misericordia espirituales
Corregir al que se equivoca, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que duda, consolar al triste sufrir con paciencia lo molesto del prójimo, perdonar al que nos injuria, orar por los vivos y por los difuntos.
Muchas son las obras que podemos hacer de manera personal y comunitaria. Que en este año y durante toda nuestra vida podamos hacer  mucho bien, Que podamos pensar también qué obra concreta de bien podríamos hacer como Grupo o Comunidad de Baile.
Si esta manera de actuar la tenemos presente en nuestra vida podremos ayudar a que en nuestro mundo haya un poco más de esperanza y nosotros nos sentiríamos mejor porque como dice la Palabra de Dios: “más alegría hay en el dar que en el recibir”.
Dios se goza dando su bendición y auxilio, a la Virgen la sabemos mirándonos y rezando por nuestras necesidades, por lo tanto, un poco a ellos a quienes tanto queremos y son nuestra esperanza, nos parecemos cuando hacemos el bien.
Vamos y llenos esperanza, hagamos mucho el bien y procuremos hacerlo bien.

Les bendigo con cariño,

+Guillermo Vera Soto
   Obispo de Iquique

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