Catequesis para la Fiesta 2012


DIOCESIS DE IQUIQUE
FEDERACION DE BAILES RELIGIOSOS DE LA TIRANA
SANTUARIO NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN DE LA TIRANA
PASTORAL DE BAILES RELIGIOSOS

CATEQUESIS PARA LA FIESTA 2012
La renovación de nuestras promesas a la Chinita del Carmen,
la Madre del Señor

La presente catequesis quiere ayudarnos a una reflexión en torno a lo que significa la promesa, y como ella es el fundamento sobre la cual se sostiene toda la experiencia de la fiesta, el Baile Religioso y las tradiciones del santuario. Una promesa que se ha vivido en una historia de fe que une el santuario a la misma vida de sus Bailes Religiosos.

Una historia trenzada con danza,  peregrinación y fe

Mirar la historia es un viaje que nos ayuda a descubrir nuestras raíces, y esto tiene una importancia fundamental: no sólo para saber que ocurrió, sino para ese conocimiento sea raíz y sustento para los vivimos hoy. Un árbol sin raíces se cae y muere. Las raíces lo sostienen ante un viento fuerte, y a través de ellas se van encontrando los nutrientes para mantenerse con vida. La historia de los Bailes Religiosos es la vivencia de sus mismas promesas.

¿Cuál es la historia del santuario y los Bailes Religiosos? Esta búsqueda nos ayuda a comprender de mejor manera lo que es el santuario, lo que significó para los primeros y el valor que tiene para nosotros en la actualidad. Y es en el mismo santuario, donde está la vida, historia y fuerza de los Bailes Religiosos. Santuario y Bailes Religiosos, son dos caras de una misma medalla. No se pueden separar. Tienen una historia, un presente y un destino común.

En el relato fundante del santuario, se señala que en el año 1536, cuando Diego de Almagro  regresaba por el desierto al Cuzco, Ñusta Huillac, hija del sacerdote inca Paulo Umac, huyó y buscó refugio en los bosques del Tamarugal.  Gobernó  con tiranía hasta ser tocada por el amor y convertir su mente y corazón a la fe cristiana. Junto al minero de Huantajaya, Vasco de Almeida, murió, después de recibir el bautismo.
El fraile mercedario, Antonio de Rondón, que siguió la expedición de don Pedro de Valdivia, en el año 1540, descubre la cruz en la tumba de la Ñusta; y al escuchar lo ocurrido, colocó una imagen de la Virgen, en testimonio de fe y súplica cristiana.
Desde ese tiempo comenzó el desarrollo progresivo de la danza religiosa con el fin de venerar la Madre del Señor. En el primer siglo, la danza fue muy simple y reducida a los habitantes del lugar. En el siglo XVIII está danza fue tomando un mayor desarrollo. De este período es la danza de Chunchos y cuyacas, ligadas al culto de la Virgen y de la fiesta de Reyes o Pascua de negros.
Fue en el siglo XIX, con el auge del salitre que comenzó a poblarse la pampa, y se fueron incorporando los pampinos a las fiestas de la Virgen que se celebraban en los “Pozos del Carmen” en la Tirana. Importante influencia tuvieron los trabajadores bolivianos de la pampa, quienes manifestaron un gran amor a la Virgen. Los Bailes Religiosos le danzaban para los días de julio o en otras fechas (agosto, octubre) dependiendo de los permisos otorgados en las oficinas salitreras. También se agregaron la fiesta los chilenos, provenientes del norte chico, y que trajeron al santuario el tradicional baile chino.
En 1866, un fuerte sismo destruyó el templo andino. En 1872 comenzó la construcción de un nuevo templo con el aporte de materiales de las diversas oficinas salitreras. El 16 de julio de 1886, fue bendecido; y siempre estuvo la presencia de los Bailes Religiosos.
Con la Guerra del Pacífico, el territorio quedó en dominio chileno, y con ello también el santuario. Esto, en el primer tiempo no significó grandes cambios, pero fue a inicios del siglo XX, cuando comenzó un fuerte proceso de chilenización, que golpeó duramente a la población peruana y boliviana residente. Se impusieron los signos patrios chilenos y se fueron introduciendo costumbres militares en las fiestas religiosas: izamiento de la bandera, bandas de bronces, marchas militares, banderas, el tricolor en la imagen venerada de la Virgen. Muchos de estos gestos hoy son parte de nuestra tradición. Los Bailes Religiosos en esta época tuvieron que enfrentar dos grandes dificultades:
-          El menosprecio de las personas más ilustradas que consideraban las danzas religiosas en la Tirana como un “espectáculo decadente” fruto de la ignorancia y vulgaridad.
-          La presión de las instituciones del estado chileno, que buscaba eliminar todas aquellas costumbres que tuvieran un aire de “peruanidad”.
Ambas situaciones llevaron a una reformulación de la danza religiosa, peros eso sí, con una clara convicción: No se dejaría de danzar y acudir a celebrar la fiesta en el santuario, a pesar de todas las dificultades que se presentaban e insultos que recibían.
Con gran habilidad y creatividad, tan propia de los Bailes Religiosos, la mayoría de las danzas autóctonas que se realizaban en la Tirana, fueron “transformadas”. De esta forma, varias danzas andinas se volvieron en bailes de “Pieles Rojas”, “sioux”, etc. ¿Qué tenían en común? Todos eran indígenas de Norteamérica, imitando vestimentas que se veían en el cine que llegaba a algunas oficinas salitreras. Resulta muy interesante descubrir que en lo profundo, nunca dejaron de ser danzas indígenas.
Entre la década del veinte al cuarenta, se fue cambiando su organización: de tipo familiar  a formas de mayor institucionalidad. Se imitaron las estructuras semejantes a la “sociedad de socorros mutuos” o “sindicatos”. Parece ser que fue tan grande el golpe de la chilenización, que los Bailes Religiosos sufrieron una “amnesia histórica de su identidad”. Olvidaron sus raíces en los tiempos anteriores, para tratar de colocarlas sólo en los tiempos recientes, bajo el dominio chileno. Fue una manera de sobrevivir. Hoy sabemos con bastante claridad que no fue así.
La crisis del salitre comenzó a producir el abandono progresivo de la pampa. Los pampinos comenzaron a emigrar hacia las ciudades, llevando consigo muchas tradiciones. Así, los Bailes Religiosos comenzaron a tomar una gran importancia en las ciudades de Iquique, Antofagasta, Arica, Calama. Cada vez se llegaba más al santuario de distintos lugares.
Los Bailes Religiosos lograron un importante organización en 1965, la Federación Tirana, que logró unificarlos a todos en una gran directiva común. Esta fue una tarea muy importante, pues ya en los años cincuenta las dificultades que se generaban para organizar la danza al interior del templo llegaban a ser muy complejas. Más de alguna pelea a puños se dio por la entrada, cuando había que clavar en la arena el estandarte por orden de llegada. Con  el apoyo decidido de Monseñor José del Carmen Valle, obispo de Iquique, comenzó este nuevo tiempo de organización.
Los Bailes en el siglo XX, experimentaron gran crecimiento y organización. Con sus directivas y caporales, buscaron las formas de mejorar sus trajes y la llegada al santuario. La presencia del puerto libre de Arica, y luego la Zona Franca de Iquique, contribuyeron a incorporar nuevas telas, adornos, flores y tantas cosas novedosas que servían para la belleza del Baile y el anda de la Virgen. Los ensayos por los diversos barrios de la ciudad, comenzaron a ser parte de la identidad misma de las ciudades del Norte. Los camiones con bancas, para sentar a los integrantes del Baile Religioso, junto a la carga, tocando el bombo, era el signo evidente que iban a la Tirana. Las octavas en sus barrios a la llegada del santuario, continuaban la alegría de lo vivido allá, de donde se había partido llorando al tener que dejar el lugar santo. Santo porque allí está el templo y en él: la razón de tantos afanes: la Madre y Reina del Carmelo, la Chinita del Carmen. 
Baile Religioso y santuario tienen un mismo origen y un solo corazón puesto a los pies de la imagen venerada de la Virgen. Definitivamente, ambos son dos aspectos de una única y hermosa tradición de más de 470 años de historia: la Fiesta de la Virgen del Carmen de la Tirana, vivida con un corazón y una danza que se hace año a año promesa.
La promesa

La historia que hemos recorrido nos permite descubrir un largo camino marcado por acontecimientos que no fueron fáciles de enfrentar. Podemos preguntarnos: ¿Por qué y cómo se ha mantenido esta tradición de la fiesta y los Bailes Religiosos?

Durante siglos, bailarines y peregrinos, han realizado ante la Virgen una promesa. Es esta, la promesa, el modo de expresar verdades muy profundas, inscritas en el corazón de todos los devotos. Cada bailarín al ingresar a un Baile Religioso, debe realizar una “promesa” de bailar al menos tres años.

¿Qué es una promesa?

Ante todo es un acto que exige una capacidad de respuesta de nuestra parte, porque nadie puede prometer lo que no puede cumplir. Por ejemplo, no puedo prometer que cruzaré nadando un ancho río, si no sé nadar. Primero tengo que tener las condiciones básicas para hacerlo. Yo puedo prometer que aprenderé a nadar, y sabiendo nadar, podré prometer lo otro. Es un acto conciente del compromiso y empeño para cumplir la promesa.

La promesa está sostenida por una gran motivación. Cuanto más difícil es la promesa, más motivación y pasión se requiere para cumplir. Hay diversas motivaciones: preocupación por otros, pasión deportiva, amor y cariño por alguien, políticas, etc. No todas las motivaciones siempre tienen la fuerza para llevar a cabo la promesa. Pero hay una motivación que puede mover montañas: la Fe y el amor.

Vínculo, alianza y pacto

La promesa en el Baile Religioso tiene una motivación de Fe. Hay un serio compromiso hecho con Dios y la Virgen María. Libremente se decide realizar una promesa, y se tienen muchas razones para hacerlo:

-          Suplicar por algún familiar enfermo o con problemas
-          Pedir para que el Señor con la intercesión de la Virgen actúe en algún aspecto necesitado de nuestra vida o la vida de otros.
-          Por una gran devoción a la Chinita
-          Para realizar una Acción de Gracias por un favor concedido

La promesa es un compromiso que una vez formulado implica una obligación. En este sentido la promesa es una “manda”. Hay una obligación personal de cumplir ante Dios y la Virgen. Pero la promesa ¿es sólo una obligación o manda?

La promesa es más que una obligación. La promesa se hace por una profunda Fe que tiene tres hermosas formas de vivirse: como un vínculo, una alianza y un pacto. Sin la fe, la promesa no tiene ningún sentido.

La promesa es un VÍNCULO

Nos permite expresar nuestra identidad que manifiesta “mi pertenencia” a la Virgen, los Bailes Religiosos y a su santuario.

El santuario y la Virgen nos identifican como creyentes. La Tirana es la “casa grande” que tiene la Madre del Señor en el Norte. Ella tiene muchas casas que son santuarios y templos en las quebradas, donde recibe el cariño y los hermosos títulos de los lugares. Allí la saludamos y festejamos. Su santuario en la Tirana es una casa grande, donde todos encuentran un lugar, pues todos somos sus hijos. Es la casa de la mamá, donde nos ama y espera con gozo la manifestación de nuestras tradiciones. Nos ha visto danzar en estas tierras desde los comienzos de la fe en Jesús, y conoce más que nosotros mismos, el corazón y la profundidad de nuestras tradiciones. Hay un vínculo que nos une por historia y amor a la Madre del Carmelo. Así lo siente todo el Norte Grande, que con fe llega a estas tierras, Ya no vamos en carretas, camiones. Ahora, con formas más modernas, seguimos yendo porque allí está nuestra identidad de creyentes y nortinos: Y estas dos cosas no se pueden separar.

La promesa es una ALIANZA

La alianza es una palabra que expresa la relación íntima que se establece entre dos personas. Tiene un hermoso signo en las argollas del matrimonio, llamadas “alianzas”. La Biblia la usa para mostrar la relación entre Dios y su pueblo, y la unión entre ellos; y que tiene una hermosa manifestación en el vínculo de amor y fe que se ha establecido entre la Virgen y sus hijos.

Ella es la Madre del Señor Jesús, y en la cruz, Él la dejó como nuestra madre. Desde ese día, el discípulo la hizo parte suya, le dio un lugar en su casa. Esto es lo que también nos ha ocurrido a nosotros con ella. Esto le sucede a cada bailarín, peregrino y músico devoto: Hay una relación especial entre ella y cada hijo e hija. Y esta relación está basada en el amor.

Las verdaderas relaciones no se sostienen sobre la base de la conveniencia, el entusiasmo pasajero, los gustos personales; sino por el amor que se establece entre las personas. La relación de Dios con nosotros y de nosotros con Él, expresada en nuestro vínculo personal con María, la Madre del Señor y los santos patronos, no puede sostenerse sobre el argumento del terror, el miedo y el castigo. Esto no engendra un verdadero amor.

Cuando el miedo al castigo  es la base de la relación, el amor nunca madura; sin embargo, cuando la relación se funda en la confianza, el amor crece; y se establece una alianza que une y que no busca la conveniencia o sacar provecho por el “trueque”: yo te doy y tú me das. Es ante todo una experiencia de amor. ¿No es esto lo que ocurre entre la Virgen y nosotros? ¿Qué ha llevado a tantos bailarines y peregrinos, a mantener una fidelidad por tantos años? La promesa es un acto de amor fiel que va madurando con los años.  Es una relación que está más allá de lo que ella nos pueda dar como favor: lo primero no es el favor, sino que ella misma, y el amor que se establece entre ambos. Esto lo sabe un bailarín y un peregrino, cuando contempla ya sin palabras, sino sólo con amor, el rostro de la chinita, que aguarda en su templo que es nuestra casa.

Ella es ante todo Madre, y como tal, nuestra alianza es completa. Una madre como María ¿puede olvidarse de su hijo, del encargo que Jesús le dio? Como Madre siempre está, espera, acompaña, confía, ruega, por todos sus hijos. Nunca juzga a nadie, jamás podría castigar. En ella siempre se puede confiar. Ella nos ama, y antes que yo haga una alianza de amor con ella, ella ya la tiene hecha conmigo porque es totalmente incondicional.

La promesa es un pacto

Sólo cuando la promesa es vínculo y alianza, puede ocurrir el verdadero pacto que sella el compromiso. El pacto es asumir una responsabilidad con un acto que hace concreto nuestro amor. El amor no es sólo un buen deseo, sino que se vuelve una obra concreta porque “obras son amores”. La alianza de amor entre María y nosotros nos lleva a buscar la forma de expresar ese amor en obras concretas, y es en esa realidad donde nos comprometemos.

¿Cuáles son algunas de estas expresiones de este compromiso? Son muchas, pero es fundamental que surja del corazón. Podemos mencionar algunas:

-          El compromiso de ir a la fiesta, la peregrinación.
-          El compromiso de danzar
-          El compromiso de cargar el anda o el estandarte
-          El compromiso de tocar, ayudar de distintas formas

Son muchos los pactos de responsabilidad que podemos establecer, lo que importa es que se hagan movidos por el amor.

La renovación de la fe movida por el amor

Al renovar nuestra promesa como bailarín, socio, músico, servidores, peregrinos, somos invitados a fortalecer nuestra experiencia de fe. Creemos en Dios, pero no basta con decir que creo, es muy importante escucharlo, amarlo y seguirlo. ¿Cómo podemos hacer esto? Mirando a María.

Ella es la “chinita” o sierva del Señor. Sirvió toda su vida a su Hijo Jesús. Ella nos enseña que la mejor manera de renovar nuestra fe es hacer “todo lo que él nos diga”. Ella es testimonio de una fe hecha obra. Amó a Dios y le entregó su vida. Ella nos enseña a ofrecer nuestra vida. Por ello, que nuestras promesas hechas compromisos de  fe: peregrinar, bailar, encender un cirio, ir a la fiesta, etc. tenemos que ir uniéndolas a obras concretas de amor, no sólo durante los días de fiesta, sino durante todo el año. Esto nos compromete a:

-          Compartir nuestros bienes y ser solidarios
-          No ofender y hacer daño a los demás
-          Practicar la misericordia y el perdón hacia los otros
-          Cuidar de los enfermos, visitar a los privados de libertad
-          Compartir nuestro tiempo con otros, especialmente la familia, etc.

La fe siempre se une al amor. Una fe que no vive en el amor, no es verdadera fe cristiana. La fe en Jesús me hace unir la belleza y profundidad del culto: la Eucaristía, la danza religiosa, procesiones, Santo Rosario, etc. con las obras concretas de amor a los hermanos. Esta es la actitud de la Virgen, y en la cual, con cariño y paciencia, va educando a sus hijos.


La urgente necesidad de cuidar la fe y su auténtica tradición

Todos vamos tomando más conciencia, que nos encontramos en una época de profundos cambios en el modo de pensar y de mirar el mundo. Muchos cambios son muy valiosos para la vida humana, pero también existen varios otros que producen desconcierto y colocan en cuestionamiento las diversas costumbres y tradiciones. Se cuestiona la fe, y se siembra la duda sobre la Virgen y todo lo que pueda ser cristiano y católico. Ante esta realidad es importante saber cuál es nuestra respuesta.

La tradición se corrompe y se muere cuando pierde sus razones de origen, sus más hondas raíces. Hoy, tenemos muchas tentaciones que ayudan a perder las raíces:

-          La visión superficial de las cosas y la falta de reflexión
-          El entusiasmo por las “novedades” sin evaluar y medir sus consecuencias
-          La pérdida del sentido religioso de la vida y el olvido de Dios en ella
-          El menosprecio de la herencia recibida por una equivocada comprensión de lo “nuevo o moderno”

Una tradición que se empieza a vivir sólo en sus cáscaras, perdiendo su contenido interior, es un árbol que pierde su raíz. No tiene futuro.

Los Bailes Religiosos poseen una rica y honda tradición, y cuyo contenido es la fe. Por eso, la raíz de su identidad es religiosa. Esto ha distinguido la danza del santuario. Se baila por fe, y bailando con fe, se busca vivir en esa misma fe.

Volver a lo fundamental

Al renovar la promesa cada bailarín, músico y socio promesante, cada peregrino, coloca su amor a Dios y la Virgen como la razón más importante de su danza, canto y peregrinación al santuario. Esto nos ayuda a que otras razones no se apoderen de nuestra tradición, y puedan terminarla destruyendo, por ejemplo:

Cuando un bailarín buscar danzar:
-          Para lucirse, competir con el traje y el puesto en la fila
-          Para hacer un show para las personas que observan y olvidar que es una danza para el cielo en  primer lugar.
Cuando un dirigente busca:
-          Imponer sus ideas sin escuchar
-          Aprovecharse del cargo para bienestar personal y no de todos
Cuando una persona va a la fiesta:
-          Para buscar el “carrete”, perdiendo el respeto por lo sagrado del lugar
-          Para pasarla bien, pero haciendo daño y burlándose de la fiesta

La promesa es hacer todos los días el camino del Evangelio y recomponer los pasos mal dados. Renovar la promesa todos los años nos ayuda a volver a colocar en el corazón, en el Baile Religioso y en el ambiente, lo primero y más fundamental: la raíz religiosa. La fiesta, la peregrinación y la danza tienen por objetivo encontrarse con el Señor y con su Madre tan querida. A todos nos hace bien, renovar nuestro amor a ella, como la única razón que debe sostener nuestra promesa. Esto nos ayudará siempre a ir eliminando otras razones que se van metiendo en el corazón, pero que en vez de acercarnos, terminan alejándonos de Dios.

Subamos al santuario, allí nos espera la Madre de nuestro corazón

Comencemos nuestra peregrinación. Ella nos espera con sus brazos abiertos. Es la Madre que se alegra al ver a sus hijos reunidos. Y con un amor entrañable, sale a danzar con los suyos, con sus hijos de los Bailes Religiosos, a bailar la Fe. Danza que da Gloria a Dios y manifiesta nuestro entrañable amor a la Virgen. El bailarín cuando danza y canta no lo hace sólo, siempre ella está allí, escuchando y rogando por nosotros. Acompaña el paso de cada peregrino, y cargada por los hombros de su pueblo, sale cada 16 de julio a bendecirnos, y ella también renueva con nosotros su amor de Madre.

Renovemos nuestras promesas y hagamos que nuestros Bailes y la fiesta nunca dejen de ser religiosos. En la fe está su raíz, su vida y su futuro. Subamos a la Casa del Señor y al encuentro con la Madre de nuestro corazón. ¡Una buena fiesta!




Iquique, junio de 2012


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